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Vulnerabilidad

Estaba sentada frente a la computadora llenando un reporte que lleno semana con semana desde hace un par de años, y a la vez que hacía eso, sentía cómo corrían poco a poco las lágrimas por mis ojos, estaba llorando en mi lugar de trabajo porque me enfrente a algo nuevo y que me hacía sentir vulnerable.


Aunque era yo la que escribía me daba cuenta que mis movimientos no eran los mismos, mi mobilidad no es la misma que hace un año, no es la misma que hace seis meses. Mis dedos constantemente presionan la tecla equivocada o seleccionan el botón incorrecto con el cursor. Pudiera dejarlo ir, pero los pensamientos me consumen y no es a lo único que me enfrento, también batallo más a la hora de la comida y en ocasiones para hablar porque mi mandíbula se traba y, como lo contaba en otra entrada, en ocasiones se traba tanto que no logro abrirla para que entre el bocado y también, me puede llegar a costar terminar de hablar. Me canso más rápido y me cuesta aceptarlo.


Y, entonces, lloro porque siento que mi cuerpo no corresponde a mi edad, lloro porque lo que ahora me preocupa no me preocupaba hace 2 años, lloro porque me da miedo aceptar que mi vida es diferente a lo que quisiera que fuera, de nuevo las expectativas fallidas se hacen presentes.


Y no es mi intención hacer de esta entrada una de autocompasión o de victimismo, a veces hasta creo que son pequeñeces. Sin embargo, el duelo es parte de este recorrido por las enfermedades crónicas: negar, llorar, enojarse, deprimirse, aceptar son todas parte de ello. Pasas por ellas cada vez que un evento anual o al que estabas acostumbrado vivir de cierta manera, te hace enfrentarte a tu nueva realidad.


Hace unos días una persona con Parkinson decía que el Parkinson no es reconocido como una discapacidad porque los síntomas se controlan, entre otras cosas, y mientras decía esto yo me sentía que estaba hablando de otra enfermedad porque siento que no puedo, aún, aceptar tener una discapacidad. Apenas si estoy en proceso de asimilar que tengo 2 enfermedades como para aparte aceptar que el resto de mi vida me enfrentaré a vivir una vida donde necesitaré apoyos, y no me lo tomen a mal, desde hace muchos años he vivido de cerca el tema de la discapacidad, incluso he dado pláticas de sensibilización a la discapacidad en escuelas y empresas y advocado por los derechos de las personas con discapacidad en mi ciudad. En otra publicación tocaré este tema.


La cuestión aquí es que sentirse vulnerable, pasar por el duelo de la vida que se perdió, una vida que ya no será igual, y a la vez tratar de mantener el paso de la vida actual puede ser desgastante, emocionalmente desgastante. También agobia ver que la realidad es que no tenemos control de nuestro cuerpo. Y el dolor del cuerpo o la enfermedad ahí van a seguir siempre, así deseemos con todas nuestras fuerzas que se vayan, ahí seguirán.


Y no queda más que dejarse sentir y encontrar aquellos momentos, personas, técnicas y herramientas que nos permitan hacer las paces con nuestra nueva vida. Les puedo decir que aunque me siento vulnerable y con miedo, también siento que voy a estar bien, que encontraré el equilibrio y que saldré adelante.


Creo que se vale sentirse enojados, tristes, en paz, ser un desastre y ser lo más humanos posibles. Es a través de estas experiencias que adquirimos más fortaleza y confianza en nosotros mismos.