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Lupita debería de ser Lolita

Mi padre siempre me ha dicho que todo está en la mente, usualmente, le creería y trataría de seguir ese pensamiento. Sin embargo, en noches como hoy siento cómo el dolor bajó de estar en mi mente a sentirse y verse claramente en mi cuerpo.


Me duele todo y es un dolor de esos que pesan en el alma. En mi casa lo hemos llamado dolor de reumas, no soy experta ni cercana a serlo, sólo se que se ve como inflamación en una de mis rodillas y se siente como un dolor que nace en ellas pero que va desplazándose por toda mi pierna hasta abarcarla completa, de ahí sube por mi cadera y, si no hago algo al respecto, puede seguir subiendo hasta mi mandíbula y cabeza.


Son dolores que te pueden mantener en cama porque, aunque quiera levantarme, se me dobla la pierna del dolor, y aún así aprendes a vivir con ellos. Trabajas, ríes, lloras y convives con otros aún sintiendo este dolor.


Son dolores que te mantienen presente en el aquí y ahora y que te recuerdan cuán vivo estás porque si no estuvieras vivo no dolería.


Son dolores complejos porque por un lado quiero llorar del dolor pero siento cómo me empieza a doler la cabeza cuando sale la primer lágrima. Así que debo escoger entre llorar, desahogarme y más dolor o aguantarme, que no me duela más y desahogarme de otra forma.


Así que por eso estoy aquí, escribiendo, porque tengo ganas de llorar del dolor y toca aguantarse pero necesito canalizar mi sentir.


Mañana será un nuevo día y que estaré bien pase lo que pase.


No queda más que fluir y dejar que todo sea.






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