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Durazno (Una experiencia de pérdida)

Y no, no me refiero a la fruta. Hoy les quiero contar una historia, tal vez, la más personal y difícil por la que he pasado, incluyendo los días en los que me diagnosticaron Lúpus y Parkinson de Inicio Temprano.


Y quiero empezar explicando que la cuento porque es una historia de vida por la que muchos hemos pasado, a muchos nos ha marcado y poco lo hemos hablado. Es otra de esas veces en las que le encuentro sentido a lo sucedido, cuando puedo contarlo, hacerles saber que no están solos y que se sientan que podemos compartir vivencias sin un juicio de por medio.


Probablemente, estoy haciendo una larga introducción porque hablar de esto sigue generando en mí, emociones enconttradas, tanto positivas como negativas, y porque es una experiencia muy personal que me hace sentir vulnerable al exponerla, pero como todo en esta vida hay que enfrentarnos a nuestros miedos y esto no será la excepción, así que aquí vamos.


Hace 4 años, estaba esperando a que la prueba más importante de mi vida arrojara un resultado, sin importar cuál fuera estaba segura que estaría tranquila y que haría lo mejor que Dios y la vida me dieran a entender. La prueba dio positiva y sentí una felicidad que nunca en la vida había sentido, me sentía que no cabía del amor que ya estaba viviendo y con toda esa felicidad y amor salí corriendo del baño a contarle a Fer, mi ahora esposo, que íbamos a ser PAPÁS.


Su cara de emoción y la forma como se acercó a hablar con el bebé, al que le decíamos DURAZNO, que empezaba a formarse en mí, lo decían todo, estaba igual de feliz y asustado que yo por esta nueva aventura.


Pasaron algunas semanas, ya había escuchado el sonido más bello de mi vida, el latido de su corazón, era un latido fuerte y lleno de energía. Durante todo ese tiempo lo mantuvimos en secreto, sin embargo, nos empezábamos a preparar mentalmente para poder contarles a nuestras familias que estábamos embarazados. Mientras, Fer y yo disfrtutábamos de compartir este gran pedazo de felicidad.


Un sábado por la mañana me fui a mi trabajo como regularmente sucedía, tenía la capacitación de un grupo de voluntarios y usualmente me tocaba dar algunos de los temas de esa capacitación, sin embargo, empezaba a sentirme muy cansad y con dolor abdominal. Sabiendo que estaba mi Duraznito de por medio, pedí permiso para retirarme y así poder correr al Doctor.


Parecía que tenía un sangrado alrededor de la placenta que ponía en riesgo la vida de Duraznito, así que debía cuidarme de no moverme mucho y estar relajada por el resto del embarazo. Así que Fer nos llevó a casa directo a descansar.


Ese mismo día les hablamos por camarita a mis papás, y Fer fue a casa de sus papás, para decirles que serían abuelos pero que estábamos en medio de una situación difícil por el riesgo que Durazno corría y el Doctor me había mandado a recostar sin moverme más que para ir al baño. Todos estaban muy emocionados y estuvieron con nosotros siendo grandes apoyos durante esos días.


Por 5 días, Durazno y yo apenas si nos movíamos de cama. En esos días tuve la peor migraña de mi vida, la cual duró día y noche y para la cual no me podían dar el medicamento que era ideal porque ponía en riesgo a Durazno.


Llegaba el quinto día desde mi visita al doctor, ese quinto día, un miércoles 8 de febrero del 2017, viví, o mejor dicho, sobreviví, a la experiencia más difícil de mi vida: La pérdida de mi bebé. Sentí en todo mi ser cómo claramente salía de mi cuerpo y fue tanto el dolor físico y emocional que me entumecí y perdí la conciencia momentáneamente.


Fer llegó a mi casa junto con mis suegros, yo estaba con mi mamá y Lore, una amiga de la familia. Cuando Fer me vió sentí que se me acababa el Mundo, habíamos perdido a nuestro Durazno y no sabía ni qué decirle, sentía que junto con Durazno se me había ido la capacidad para hablar y sólo había quedado un gran gran vacío en mí. Lo único que me salían eran lágrimas y creo que Fer se sentía igual porque sólo lo veía llorar desconsoladamente.


Ese día tenía cita con mi ginecólogo. Una experiencia que le agregó dolor a nuestro dolor, pues estaba sentada en una sala de espera junto con 3 mujeres claramente embarazadas y ahí estaba yo, con mi vacío, sin mi bebé y con un dolor de corazón indescriptible. Lo único que quería era salir corriendo de ahí, pero no lo hice porque necesitaba entender qué había pasado.


Si mi corazón no estaba ya deshecho, cuando el doctor me hizo el ultrasonido y no escuché más el latido de mi durazno y en vez de eso sólo se escuchaba silencio, me terminé de deshacer. Mi ser alegre había sido reemplazado por el de una persona en duelo, una mamá en duelo, que sólo sentía tristeza y mucha desesperación por no poder hacer nada al respecto. Qué se suponía que hiciera con tantas ilusiones hechas, ya me había imaginado toda la vida junto a mi Durazno y mi Fer, ya habíamos hecho listas de nombres, ya teníamos los primeros juguetes, ropa... Qué se suponía que hiciera con todo ese amor que había preparado para mi Durazno, qué se suponía que hiciera con el vacío.


¡Qué experiencia tan horrible! Todo ese año fue de soltar, de sanar y de vivir nuestro duelo con todas las emociones que se pueden experimentar. Todo ese año y cada fecha me recordaban al bebé que perdimos, nuestro bebé.


Les cuento esto porque los abortos espontáneos son una condición que puede presentarse entre los pacientes con enfermedades autoinmunes y si algo les puedo decir es que, a veces me pregunto si la pérdida de mi bebé tuvo algo que ver con el Lúpus, y después de ese pensamiento, también recuerdo que nada gano preguntándome eso porque nadie me lo va a poder responder realmente. Y que la mejor manera de honrar la memoria de mi DURAZNO, por el cual plantamos un árbol de durazno afuera de casa de sus abuelos paternos y que dio muchos duraznos ese primer año, es amarnos mucho como pareja, construirnos para ser mejores seres humanos siempre y luchar por salir adelante de lo que se nos presente.