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Lupito y Dani

Creo que la idea de Lupito surge porque necesitaba darle identidad a aquello que no entendía. Cuando te dicen que tienes una enfermedad de la que sólo has oído cosas feas o negativas sientes que se te viene el mundo encima. Empiezas a cuestionarte cómo será tu vida, qué tendrás que hacer diferente, qué podrás y no hacer de ahora en adelante y creo que la pregunta que más me movía: ¿cuánto será mi pronóstico de vida?


Lupito, movió mucho de lo que creía, me hizo detenerme a reflexionar sobre mí, sobre mi vida, sobre la vida en general, sobre las circunstancias que nos rodean, sobre lo que hacemos con esas circunstancias, sobre Dios, sobre todo sobre Dios. No puedo negar que después de tener Síndrome de Kawasaki a mis 11 años, haber perdido a nuestro primer bebé de manera espontánea y estar pasando por el Lúpus, hubo momentos en los que sentía que Dios me había abandonado, qué equivocada estaba.


Sin embargo, entiendo que todo eso, más la educación de mis padres, mis circunstancias de vida, mi Fer, mi familia y amigos y muchas otras cosas también me han hecho la persona que soy y de la cual me siento orgullosa.


Y así, Lupito vino a recordarme todo lo valioso de la vida, lo bendecida que soy y lo bonita que es mi vida.



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